Espinosa Nova

Presentación de nuestra fuente

 

A partir del número 45-46 de litoral, Treinta años con Letra por letra, hemos adoptado una tipografía como parte de la apuesta de nuestro proyecto editorial. Se trata de la fuente Espinosa Nova, una recuperación tipográfica del talentoso diseñador mexicano Cristóbal Henestrosa (Ciudad de México, 1979). Henestrosa ha escrito un libro para relatar in extenso la historia de su tarea: Espinosa. Rescate de una tipografía novohispana, al que remitimos al lector. Por ahora, le damos la palabra para hacer una presentación sucinta de la historia de la nueva fuente.

 

En 1521, Hernán Cortés y sus hombres, aliados con otros pueblos indígenas, derrotan al imperio azteca. Apenas 18 años después, Juan Cromberger —cabeza de una dinastía de impresores alemanes radicados en Sevilla— envía a México al italiano Juan Pablos para fundar el primer taller de impresión del Nuevo Mundo. Pablos compra el taller a los Cromberger en 1548 y en 1550 contrata a Antonio de Espinosa, quien se traslada de Sevilla a la ciudad de México al año siguiente. A partir de entonces las obras del taller experimentan un notable aumento de calidad y se renueva el repertorio de tipos: las pruebas apuntan a que algunos de ellos se deben al nuevo empleado, lo que lo convertiría en el primer diseñador tipográfico del continente. En 1559, Espinosa funda su propio taller, empresa en la que continuaría hasta su muerte, en 1576. Sus libros son considerados como el punto más alto en la historia de la antigua imprenta mexicana y los pocos ejemplares que han sobrevivido son tesoros muy apreciados entre los bibliófilos. Sin embargo, no existía una versión que permitiera el uso contemporáneo de sus tipos, a diferencia de lo que ocurre con otros maestros del pasado como Garamond, Baskerville o Bodoni. Para honrar su talento, en Espinosa Nova se han invertido muchos años de esfuerzos: los primeros bocetos datan de diciembre de 2001. Leí sobre historia de México, visité bibliotecas y escribí un libro sobre el tema (Espinosa. Rescate de una tipografía novohispana. México: Designio, 2005). He dibujado, espaciado, revisado y vuelto a dibujar. Nueve años han pasado para que hoy pueda declarar que estoy satisfecho con esta interpretación digital, la cual ha tenido la fortuna de ser premiada en los más importantes concursos de diseño de letra a nivel mundial (Type Directors Club) y latinoamericano (Tipos Latinos). Festina lente

Cristóbal Henestrosa

Ciudad de México, septiembre de 2010

El ejemplo que el diseñador utiliza en el folleto de la fuente es el siguiente:

Capítulo xxxvi.

Del grande y solemne recibimiento que nos hizo el gran Moctezuma a Cortés y

a todos nosotros en la entrada de la gran ciudad de Tenochtitlán

Luego otro día de mañana partimos de Iztapalapa, muy acompañados de aquellos grandes caciques que atrás he dicho. Íbamos por nuestra calzada adelante, la cual es ancha de ocho pasos y va tan derecha a la ciudad de México que me parece que no se torcía poco ni mucho y, puesto que es bien ancha, toda iba llena de aquellas gentes que no cabían, unos que entraban en México y otros que salían, y los indios que nos venían a ver, que no nos podíamos rodear de tantos como vinieron, porque estaban llenas las torres y cúes y en las canoas y de todas partes de la laguna, y no era cosa de maravillar, porque jamás habían visto caballos ni hombres como nosotros. Y de que vimos cosas tan admirables no sabíamos qué decir, o si era verdad lo que por delante parecía, que por una parte en tierra había grandes ciudades y en la laguna otras muchas, y veíamoslo todo lleno decanoas, y en la calzada muchas puentes de trecho a trecho, y por delante estaba la gran ciudad de México; y nosotros no llegábamos a 400 soldados. Y vinieron muchos principales y caciques con muy ricas mantas sobre sí, con galanía de libreas diferenciadas las de los unos caciques de los otros, y las calzadas llenas de ellos, y aquellos grandes caciques enviaba el gran Moctezuma adelante a recibirnos, y así como llegaban ante Cortés decían en su lengua que fuésemos bienvenidos, y en señal de paz tocaban con la mano en el suelo y besaban la tierra con la misma mano. Así que estuvimos parados un buen rato, y desde allí se adelantaron Cacamatzin, señor de Texcoco, y el señor de Iztapalapa, y el señor de Tacuba, y el señor de Coyoacán a encontrarse con el gran Moctezuma, que venía cerca, en ricas andas, acompañado de otros grandes señores y caciques que tenían vasallos. Ya que andábamos cerca de México, adonde estaban otras torrecillas, se apeó el gran Moctezuma de las andas, y traíanle de brazo aquellos grandes caciques […].

 

Se trata de un fragmento de la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo que ha sido ligeramente modificado por Henestrosa para presentar con él las variedades de la fuente Espinosa Nova.Litoral Editores ha elegido esta tipografía no sólo por su gran belleza, sino porque traza un recorrido histórico que es relevante destacar. Desde el México actual, un joven diseñador rastreó las fuentes de la primera creación tipográfica realizada durante la colonia española en estas tierras, y la rescató con los recursos digitales propios del siglo xxi. La fuente, en su versión original, fue creada en el siglo xvi por Antonio de Espinosa, quien llegó aquí desde Sevilla, el último enclave en España de la dominación de los moros, que duró nada menos que ocho siglos. Y, significativamente, el diseñador actual elige el relato de Bernal Díaz del Castillo para presentar su trabajo, es decir, el relato de la conquista española del territorio del Anáhuac que acababa de consumarse cuando Antonio de Espinosa creó aquí su tipografía.

En esta fuente se concentra la historia de un país, desde el Anáhuac hasta la era digital, cuyos habitantes estamos atravesados por esos eventos. Es así al punto en que se llama en México —como en casi toda América Latina— “español” al castellano. Sin percibir que con ello se incorpora la marca de una imposición colonial que ni siquiera en España es aceptada, pues los españoles diferencian muy bien el castellano del vasco, asturiano, gallego o catalán, por sólo mencionar algunas de sus lenguas vivas y no confunden las lenguas con el nombre de un idioma impuesto oficialmente.

 

Es por eso que en nuestras publicaciones no usamos “español” para llamar a la lengua que habitamos, dando preferencia a la designación insatisfactoria, pero más aceptable, de “castellano”.

 

Aquel de litoral, donde la escritura tiene un lugar central, incluye un texto de Estefany Pedraza Morón, gracias al cual es posible ponderar hasta qué punto desconocemos las prácticas de escritura y lectura de los amoxtli o códices mexicas. De ninguna manera se trataba de la forma de lectura occidental, tal como la practicamos actualmente, sino de una experiencia mucho más rica y sensual. Valga su presencia aquí como una manera de rendir homenaje a esa forma de “leer” y “escribir” que amerita mucha más atención en un psicoanálisis orientado por RSI y, por lo tanto, como una propuesta para abrir un campo de trabajo acerca de algunas prácticas de aquella época de nuestra historia sobre la que pesa una rotura, como señaló Lacan en su momento.1 Pero esa es una tarea que sólo puede hacerse desde el lugar donde estamos parados hoy, al hacer baluarte de la riqueza que hay en la hibridación. Aquella que sin duda brilla en la recuperación tipográfica de Cristóbal Henestrosa y, por lo cual tiene, a nuestro entender, todo el estatuto de una creación original.

 

Litoral Editores

Ciudad de México, diciembre de 2016

1 Jacques Lacan, El objeto del psicoanálisis, 23 de marzo de 1966.